El 27 de febrero vuelve a convertirse en un escenario donde historia, política e identidad se entrelazan con absoluta precisión. En el marco del Día de la Independencia Nacional, la Rendición de Cuentas no solo marca el pulso institucional del país, también activa un código estético riguroso donde el negro deja de ser tendencia para transformarse en símbolo. Sobriedad, respeto y autoridad se traducen en siluetas estructuradas, texturas contenidas y detalles que hablan en voz baja, pero con firmeza.



