En la República Dominicana, el Día de San Valentín no es solo una fecha para enamorados: es una celebración que se vive en voz alta, con color y emoción.
Las parejas caminan tomadas de la mano por toda la ciudad: en las aceras del Malecón, en parques, en las calles del centro, entre puestos de flores y vitrinas decoradas, mientras la capital se llena de detalles románticos y gestos sencillos que anuncian que es 14 de febrero.
Pero el romanticismo dominicano no se limita a cenas elegantes. En barrios y comunidades, el día se celebra de forma más sencilla: una caja de chocolates compartida, una serenata improvisada o una bachata sonando desde un colmado cercano. Aquí, el amor también se expresa con música.
“Uno no necesita mucho, con un detalle basta”, dice Maribel, mientras elige una flor en un puesto de la avenida Duarte. A su lado, un joven revisa precios con nerviosismo: quiere sorprender a su novia, aunque el presupuesto sea ajustado.
El Día del Amor y la Amistad también abre espacio para otros afectos. En oficinas, escuelas y grupos de amigos se intercambian tarjetas, dulces y mensajes.
En un país donde la cercanía humana es parte del carácter nacional, San Valentín se convierte en excusa para festejar no solo la pareja, sino también la amistad y la familia.
Cuando cae la noche, las luces cálidas de la ciudad, las parejas fotografiándose y el sonido de canciones románticas componen una postal repetida cada febrero.
En el país, el Día de San Valentín es una fiesta adaptada al ritmo local, donde el amor se evoca con intensidad caribeña, entre flores, bachata, merengue y gestos cotidianos. Prensa Latina



