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    Marileidy Crítica de cine

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    El colectivo que hizo Marileidy enfrentó el desafío de realizar una película de ficción sobre un personaje vivo, con sus complicaciones y desafíos al demandar que el resultado exprese el simbolismo y el ejemplo que emanan de su figura

     

    José Rafael Sosa

    Marileidy es muy probablemente una de las mejores películas deportivas de ficción de la industria audiovisual dominicana. Resulta una conjunción afortunada de una serie de factores que han dado lugar a una joya.

    Es una pieza de cine que establece su marca por la validez de la historia humana en que se apoya (la labor y rendimiento deportivo olímpico de la protagonista, con toda la estela de superación de la pobreza, la marginación y la discriminación), el procedimiento inteligente, detallado, armónico y sensible en el que el director (Tito Rodríguez) logra su resultado en pantalla, al partir de un concepto que levanta el orgullo dominicano (generado por sus productores Kelvin Liria y Jessica Hasbún).

    El tema deportivo en el cine, a partir de la heroicidad deportiva, no le resultaba extraño a Rodríguez. Ya antes, en 2023, había estrenado Renacer, producida por Danilo Reynoso y Evelina Rodríguez, una narración visual sobre la proeza deportiva de un nadador con condiciones especiales de movilidad y que logró triunfar en competencias internacionales.

    Actoralmente, la joven atleta olímpica Yisneidy Alcántara, favorecida por su parecido biocorporal con la protagonista real, logra una actuación profesional intensa y cargada de emotividad, sobre todo en cuanto al manejo del cuerpo, la mirada y la voz. Siente el espectador estar frente a la verdadera atleta. Y el director juega a la doble realidad cuando, en una escena, hace figurar unos segundos a la campeona.

    A lo cual se agrega la cuidada redacción del guion a cargo de Junior Rosario (respecto del cual mucha gente en la industria no se ha dado cuenta de su potencial para gerenciar historias) y una utilización profesional de otros recursos técnicos (que para nosotros son también artísticos): la fotografía, la dirección de arte, la cuidadosa selección de locaciones e incluso el maquillaje y los efectos especiales y visuales. Notación aparte merece el criterio de la edición de Kelvin Liria.

    La cinta de bioficción se anunció en su rodaje (en febrero de 2025 en una de las salas de Downtown Center) cuando se concluía el rodaje de un magnífico documental sobre sus hazañas que auspiciaba el Banco Popular Dominicano y que se estrenó 9 meses después con notable éxito. Se trató de Sueños dorados, de la productora Kokaleka Films, dirigido por Mariano Pichardo y Esteban Martínez-Murga, con guion de Miguel Yarull y dirección de fotografía de Franklin Villar, estrenado en febrero de 2025.

    El producto final lo describe el comportamiento del público que pagó para ir a verla. Con media sala llena un jueves en la sala 13 de Downtown Center —satisfactorio para una primera tanda—, que se expresa con aplausos y exclamaciones —expresiones no acostumbradas al final de una proyección—, y que se queda hasta el final de los créditos, a los cuales, con un acierto sonoro notable, se dispuso que la banda sonora fuera el sonido de la lluvia. Esa es la ventaja de ver una película, cualquier nacionalidad que tenga, cuando se ve con la gente que decide pagar su boleta, sin el público de las premieres, que son legítimos y necesarios eventos de promoción y mercadeo del título de que se trata.

    Ese público comprometido reaccionará incluso con exageración, dirá que es la mejor película que ha visto nunca, pero hay que entender que se trata de los propios talentos, sus familiares y sus patrocinadores, lo cual no invalida ni cuestiona la calidad en neto de la producción de que se trate. La reacción del público que paga tiene un valor de autenticidad que no se compra con invitaciones VIP ni palomitas gratis.

    Los productores Liria y Hasbún dan una lección en superación de metas y formatos, al escapar del planteamiento teledocumental, del cual proceden con su proyecto Orgullo de Quisqueya, para entregar una película digna, redonda, completa y presentable en cualquier sala del mundo.

    La idea de hacer una ficción (ya se habían hecho documentales bastante bien logrados sobre las hazañas olímpicas de la atleta que nos llena de orgullo y nos hace erizar la piel cuando corre) nació a partir de Quisqueyanos Valientes, una serie documental creada originalmente en 2016 por los productores Jessica Hasbún y Kelvin Liria dedicada a visibilizar a los dominicanos ejemplares por su labor y rendimiento social en todo el mundo. Con esta pieza, esta pareja se ubica en un nuevo peldaño en la producción de cine del Caribe y Latinoamérica. Y es de esperar que los jurados de los diversos premios cinematográficos (locales e internacionales) le hagan justicia.

    El colectivo que hizo Marileidy enfrentó el desafío de realizar una película de ficción sobre un personaje vivo, con sus complicaciones y desafíos al demandar que el resultado exprese el simbolismo y el ejemplo que emanan de su figura.

    Marileidy es una de esas películas de visionado que no solo se recomienda por su origen criollo. Es una pieza artística en cine digna y que eleva el sentir y el orgullo dominicanista, con la bandeja de un planteamiento artístico de extraordinaria fortaleza.

    Ficha técnica

    ·        Título original: Marileidy

    ·        Dirección: Tito Rodríguez

    ·        Guion: Junior Rosario (basado en escritos y vivencias de Marileidy Paulino)

    ·        Producción general y ejecutiva: Jessica Hasbún y Kelvin Liria

    ·        Producción de línea: Yuneidys Lachapell

    ·        Dirección de fotografía: Oliver Mota, SDC

    ·        Montaje / Edición: Kelvin Liria

    ·        País de origen: República Dominicana

    ·        Año de estreno: 2026

    ·        Género: Drama biográfico / Deporte

    ·        Distribución: Caribbean Cinemas

    ·        Elenco: Yisneidy Alcántara como Marileidy Paulino (Nota: Alcántara es una joven promesa real del atletismo dominicano que hace su debut protagónico en la actuación).

    ·        Locaciones y fechas de rodaje: La cinta se rodó durante febrero de 2025 en Nizao (su pueblo natal), la Base Aérea de San Isidro, el Mercado de Honduras y el Albergue Olímpico. Y secuencias en Barranquilla y Cartagena, Colombia.

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