El Festival Internacional de Cine en Guadalajara lleva años funcionando como algo mas que un escaparate de estrenos. Es un termómetro. Un radar. Un espacio donde el cine mexicano se mide a si mismo antes de salir al mundo. Con FICG Goes to Berlin, el festival da un paso firme hacia la internacionalización, llevando dos obras que resumen con claridad el pulso actual de su cinematografía: Corina y State of Silence.
Dos películas muy distintas en tono, forma y ambición narrativa. Pero unidas por algo esencial: ambas dialogan con el presente desde lugares honestos, sin concesiones y sin necesidad de exotizar su origen.
Corina o el valor de lo pequeño
Dirigida por Úrsula Barba Hopfner, Corina se construye desde la intimidad. La historia sigue a una joven editora atrapada entre la rutina, la ansiedad y el miedo al error. Un error concreto, de hecho, que amenaza con derrumbar su mundo profesional y la obliga a salir por primera vez de su burbuja emocional.
Lo que podría ser una anécdota menor se transforma en un retrato generacional preciso. Corina no busca grandes giros ni golpes de efecto. Su fuerza esta en la observación. En los silencios. En esa incomodidad tan reconocible de tener talento pero no saber aun como usarlo.
La película entiende algo fundamental: que las crisis personales no siempre llegan con ruido. A veces llegan con un correo mal enviado, una llamada inesperada o la simple sensación de estar viviendo una vida que no termina de pertenecerte.
Que Corina viaje a Berlín no es casualidad. Es el tipo de cine que conecta con audiencias diversas porque habla de miedos universales sin subrayarlos. Un cine que no grita pero tampoco pide permiso.
State of Silence o filmar cuando callar es mas seguro
Si Corina mira hacia adentro, State of Silence mira de frente. El documental dirigido por Santiago Maza se adentra en la vida cotidiana de periodistas mexicanos que ejercen su oficio en uno de los contextos mas peligrosos del mundo para informar.
Producido ejecutivamente por Diego Luna y Gael García Bernal, el filme evita el sensacionalismo. No necesita exagerar. La realidad ya es suficientemente brutal.
Aqui no hay voz omnisciente ni discursos grandilocuentes. Hay cuerpos cansados. Hay miradas alertas. Hay familias que aprenden a convivir con el miedo como parte del desayuno. El documental entiende que el verdadero horror no esta en el momento del ataque, sino en la normalización del riesgo.
State of Silence no busca respuestas fáciles. Plantea preguntas incomodas. Que precio estamos dispuestos a pagar por estar informados. Y quien paga realmente ese precio.
Dos caras de una misma cinematografía
La selección de estas dos películas resume con claridad la diversidad del cine mexicano contemporáneo. Uno que puede ser intimo sin ser menor. Político sin ser panfletario. Local sin dejar de ser universal.
El paso por Berlín no es solo una proyección. Es una declaración. El FICG entiende que internacionalizar el cine no significa adaptarlo a miradas externas, sino confiar en su identidad y permitir que dialogue en igualdad de condiciones.
Con Corina y State of Silence, Guadalajara exporta algo mas que películas. Exporta sensibilidad y conciencia. Dos elementos que hoy resultan tan necesarios como escasos.
El cine mexicano no esta buscando validación. Esta encontrando interlocutores. Y eso, en el circuito internacional, marca toda la diferencia. Fuente: Cocalecas



